Estados Unidos: Una "Red America" y una "Blue America". Situación ante las elecciones de mitad de mandato y más allá. (Parte 2)

Después de una primera parte en la que estudiábamos los elementos que pusieron el fundamento histórico entre las llamadas "Red America" y "Blue America", al final de aquella primera parte, que es preciso repasar, concluí del siguiente modo:

"Cabe pues plantearse si este escenario puede repetirse en el devenir en Estados Unidos, qué papel juega la batalla de ideas y sobre los derechos, y el modelo económico."

De modo que esta segunda parte pasa a ser la aplicación de la primera parte, con un carácter de analogía, por un lado; y, por el otro lado, también es un comentario sobre la inminente puesta en marcha del próximo 118 Congreso de Estados Unidos tras las elecciones de mitad de mandato del 8 de noviembre de 2022.

¿Otra guerra civil en Estados Unidos?

Podhorzer en su informe no está exactamente prediciendo otra guerra civil. Lo que sí hace es advertir de que es probable que la presión sobre la cohesión fundamental de Estados Unidos siga aumentando en la década de 2020.

Podhorzer considera que la facción de Trump que ahora domina el Partido Republicano -lo que él denomina el "movimiento MAGA"- es el equivalente estadounidense a otros partidos autoritarios, algo de lo que he hablado recientemente aquí, y que se hace necesario leer. Según Podhorzer estamos ante un movimiento múltiple y fundamentalmente antidemocrático que ha construido una base de apoyo institucional cada vez más sólida a través de las redes de medios de comunicación conservadores, las iglesias evangélicas, los donantes republicanos ricos, los funcionarios electos del GOP, los grupos paramilitares nacionalistas blancos y un seguimiento público masivo. Y está absolutamente decidido a imponer su política y su visión social a todo el país, con o sin el apoyo de la mayoría.

"Los ataques estructurales a nuestras instituciones que prepararon el camino para la candidatura de Trump seguirán avanzando", sostiene Podhorzer, "con o sin él al frente", tal y como recoge Ronald Brownstein en su artículo en The Atlantic.

Esta apreciación ciertamente cuenta con una base sólida, y se manifiesta en la reciente publicación de diversa literatura. “How Civil Wars Start” (2022) de Barbara F. Walter señala que estaríamos ante la acumulación de elementos que apuntan hacia un conflicto civil en Estados Unidos, y ha generado un interés notable. David French publicaba justo antes de las elecciones de 2020, “Divided We Fall”, que describe la división de Estados Unidos en dos estados culturalmente distintos, unidos solamente en su odio mutuo. En 2017 una novela de Omar El Akkad, titulada "American War" y que recoge una visión sombría de la destrucción del medio ambiente, la radicalización de la juventud, las poblaciones desplazadas internamente y la guerra biológica en Estados Unidos. A medio camino entre la ficción y el ensayo tenemos una obra de Stephen Marche que presenta a principios de 2022 The Next Civil War: Dispatches from the American Future, y cuyo argumento parte de las realidades de un Estados Unidos políticamente tribalista, agobiado por la injusticia racial y económica, repleto de resentimientos sociales e inundado de armas, y a partir de ahí imagina cómo se desplazaría hacia el conflicto total. “El zumbido de fondo del hiperpartidismo, la ira y el odio de la política estadounidense cotidiana genera una tolerancia generalizada hacia la violencia”, escribe Marche. “Eventualmente, alguien actúa en consecuencia”.

Sobre la mecha que prende la guerra para French llegaría por ejemplo por California por las leyes de armas o la división de Texas por disputas sobre el aborto. Para Walter el origen estaría en múltiples bombardeos de edificios del Capitolio después de las elecciones presidenciales de 2028, lo que llevaría al terrorismo radicado en Estados Unidos e incluso a intentos de limpieza étnica: recuerden las opiniones de ciertos líderes británicos que contemplaban una guerra racial a partir de 1862, tal y como señalé en la primera parte de este documento.

Para Marche, después de consultar a diferentes voces autorizadas, podría ser, por ejemplo, a partir de una disputa local, y pone como ejemplo el cierre de un puente de un pueblo pequeño por parte de los inspectores de seguridad federales que se convierte en una confrontación armada, con fuerzas dirigidas por un sheriff carismático por un lado y un general condecorado por el otro: los medios de comunicación de derechas convierten al sheriff en una figura heroica, y él halla la forma de explotar toda esta publicidad de una forma brillante, como consecuencia el puente acaba por ser un imán para las milicias, los supremacistas blancos y los antigubernamentales. El enfrentamiento llega a su fin con un asalto militar, que provoca bajas masivas y crea, en la derecha, tanto un casus belli como los mártires para la causa; o bien, el asesinato de un presidente (nadie esperará que esto suceda pero "nadie se sorprenderá cuando lo haga"). Otra posibilidad que plantea es un desastre natural que afecta a una ciudad como podría ser Nueva York, con las capacidades gubernamentales totalmente superadas y con oleadas de refugiados climáticos a todo el país, o bien un dron armado con armas biológicas que ataca el Capitolio.

Lo cierto es que estos elementos ya son plausibles. Así, Barton Gellman en The Atlantic reflexiona que el asalto al Capitolio del 6 de enero de 2021 fue simplemente una "práctica" para la subversión democrática más efectiva que ahora está en marcha. Una encuesta de The Post-UMD hecha un año después del asalto al Capitolio recoge que 1 de cada 3 estadounidenses creen que la violencia contra el gobierno podría estar justificada. Este dato merece la pena que sea puesto en relación con otro dato estadístico. De acuerdo con el Pew Research Center y sus datos sobre los diferentes grupos religiosos podemos ver cómo se acercan a este 1 de cada 3 estadounidenses en lo que al perfil religioso y de ultraderecha se refiere, muy vinculado también con el caldo de cultivo ideológico de la ofensiva neoliberal y autoritaria, incluidos grupos como los Proud Boys o bien Oath Keepers. En un interesante reportaje en The Atlantic publicado antes de las elecciones presidenciales de 2020, el líder y fundador de Oath Keepers, Stewart Rhodes, afirmaba literalmente:

"Let's not fuck around. We've descended into civil war. [No jodamos. Hemos acabado en una guerra civil]"

El 6 de enero de 2021 en Washington D.C. se reunían, entre otros, miembros de Oath Keepers, de los Proud Boys, milicias como Three Percenters (movimiento vagamente organizado de propietarios de armas cuyo nombre surgió de la disputada afirmación de que solo el 3 por ciento de los colonos estadounidenses tomaron las armas contra los británicos, y que se ve a sí mismo como un descendiente directo de esos primeros patriotas estadounidenses; ha experimentado un crecimiento sostenido desde que el presidente Obama asumió el cargo) y creyentes en QAnon, una teoría conspirativa. De acuerdo con la investigación de la fiscalía, Stewart Rhodes comenzó una campaña para rechazar los resultados de las elecciones presidenciales de noviembre de 2020 dos días después de la votación, mientras todavía se estaba haciendo el recuento de votos.

El día 5 de noviembre de 2020, el líder de Oath Keepers les dijo a sus seguidores en la aplicación de mensajería privada Signal:

"No vamos a superar esto sin una guerra civil. Demasiado tarde para eso. Preparen su mente, cuerpo y espíritu".

Joe Biden fue declarado ganador de las elecciones el 7 de noviembre de 2020.

De acuerdo con la acusación federal, Stewart Rhodes y otros gastaron miles de dólares en armas y equipo durante los siguientes dos meses, hicieron planes para esconderlos y organizaron a los miembros en unidades de estilo militar, además de indicios de una coordinación entre los diferentes grupos. Como consecuencia, el 6 de enero de 2021, la ya mencionada mezcla de grupos, además de cientos de personas aparentemente sin conexión con organizaciones, se reunieron frente al Capitolio después de que el entonces presidente Donald Trump realizara un acto político en las cercanías. Trump instó a sus simpatizantes a marchar a la sede del Congreso para "hacer oír sus voces pacífica y patrióticamente", pero también le dijo a la audiencia: "Y si no luchas como el demonio, ya no tendrás un país".

En la misma noche del 6 de enero de 2021 Stewart Rhodes envió otro mensaje:

"Patriotas entrando en su propio Capitolio para enviar un mensaje a los traidores no es NADA comparado con lo que viene".

En definitiva, entre otros, en concreto cinco miembros de Oath Keepers irán a juicio tras el inicio de la selección del jurado el pasado martes 4 de octubre de 2022 por el ataque del 6 de enero de 2021 contra el Capitolio acusados de conspiración sediciosa, es decir, conspiración para oponerse a la transferencia del poder presidencial. Se trata de Stewart Rhodes, ex paracaidista del Ejército de Estados Unidos que estudió en la Escuela de Derecho de Yale y fue ayudante del congresista republicano de Texas el libertario y candidato en tres ocasiones a la presidencia de los Estados Unidos Ron Paul; Thomas Caldwell, un exoficial de la Marina de Virginia que alguna vez trabajó para el FBI; Kelly Meggs, director del capítulo de Florida de los Oath Keepers; Kenneth Harrelson, quien supuestamente recorrió, junto a otras personas, la Cámara de Representantes en busca de la presidenta, Nancy Pelosi; y Jessica Watkins, una excombatiente de la guerra de Afganistán proveniente de Ohio.

Stewart Rhodes y los otros están acusados ​​de seguir conspirando después de los disturbios, algo de lo que hay por lo menos declaraciones en medios como InfoWars. Los cinco se declararon no culpables, pero enfrentan una condena de hasta 20 años de cárcel.

La ADL presentó en 2015, seis años después de su fundación, el siguiente informe, en el que se explica cómo Oath Keepers, que tiene sede en Nevada y se presenta como una asociación sin ánimo de lucro, reclutan militares y policías. De hecho, su nombre, "Guardianes del juramento", se refiere al juramento de servicio que toman la policía, el ejército y otros funcionarios de la seguridad pública. Por ejemplo, aquellos que toman el juramento militar, se comprometen a "apoyar y defender la Constitución de Estados Unidos contra todos los enemigos, extranjeros y nacionales". Sam Jackson (2020) señala la evidencia de que esto crea una contradicción inherente para el grupo: las organizaciones policiales y militares de las que provienen sus miembros son algunas de las mismas organizaciones que el grupo probablemente tendría que atacar para llevar a cabo su autoproclamada misión contra el gobierno.

Oath Keepers aboga por que los estadounidenses se preparen para un conflicto inevitable con el gobierno almacenando bienes y suministros, participando en entrenamiento paramilitar y trabajando para crear redes comunitarias pequeñas y autosuficientes.

Las amenazas a las libertades estadounidenses de las que Oath Keepers dice que el gobierno federal es responsable son en realidad un conjunto de teorías de conspiración, compartidas por otros grupos que forman parte del  movimiento antigubernamental, y que consisten en que el gobierno federal está planeando en secreto, junto con países extranjeros y las Naciones Unidas, imponer la ley marcial, confiscar las armas de todos los estadounidenses, obligar a los resistentes a ir a campos de concentración e instalar un gobierno totalitario mundial conocido como el "Nuevo Orden Mundial", tal y como analiza Fenster (2011). Resulta interesante, tal y como dice Barkun (2013), cómo Pat Robertson, un telepredicador evangelista, dio impulso a todas estas teorías de la conspiración en su libro de 1991 "The New World Order" o "El nuevo orden mundial", que lo confirmó como el más destacado divulgador cristiano de teorías de la conspiración sobre la historia reciente de Estados Unidos. Barkun explica que Pat Robertson esboza unas líneas en que Wall Street, el Sistema de la Reserva Federal, el "Council on Foreign Relations" o el "Consejo de Relaciones Exteriores", el Grupo Bilderberg y la Comisión Trilateral controlan el flujo de los acontecimientos desde detrás de las bambalinas, empujando constantemente a la gente de forma encubierta en la dirección del gobierno mundial dirigido por el Anticristo.

Resulta interesante la forma en que este discurso conecta con Daniel Estulin en sus líneas principales, y también la forma en que se asume desde posiciones supuestamente de "izquierda" en publicaciones conocidas en esta esfera ideológica, por ejemplo en España, y es constatación de la fusión entre ambas ideologías para pivotar bajo el control hegemónico de la extrema derecha.

En este mismo sentido, resulta digno de señalarse que el think tank de Dugin se llama Katechon, y como tal es un concepto griego en clave escatológica fijado en 2 Tesalonicenses 2: 6, 7 y que hace referencia al obstáculo que retiene la manifestación plena del Anticristo, el cual será removido, eliminado por consiguiente, para permitir la manifestación del Anticristo: obsérvese lo absurdo de tal nombre, porque básicamente es condenarse al fracaso más absoluto. De ahí que se perciba a Rusia o a Estados Unidos bajo la férula de la hegemonía que ubicó a Trump como los que detienen al Anticristo, y de paso imponen un estado totalmente neoliberal y muy limitado en cuanto a derechos civiles en la línea de Carl Schmitt, tal y como expliqué recientemente.

De hecho, no es tampoco casualidad que Carl Schmitt (2003) asumiese el concepto de Katechon. Carl Schmitt pasa a sugerir la importancia histórica dentro del cristianismo tradicional de la idea de "contención" del Katechon, cosa que permite un cristianismo centrado en Roma, y que implica la presencia de un poder histórico para frenar la aparición del Anticristo y el fin del eón actual. El Katechon, por consiguiente, representa, para Schmitt, la intelectualización del antiguo Estado del Imperio Romano, con todos sus poderes policiales y militares para imponer la ética ortodoxa. Un punto en común para los fundamentalistas cristianos estadounidenses, y para Rusia, es centrarse en derribar la Unión Europea. Si partimos del análisis que hace Orestis Lindermayer en su artículo "'The Beast of the Revelation': American Fundamentalist Christianity and the European Union", y que es la justificación para eliminar el pensamiento kantiano-hegeliano y su vertebración para alcanzar todo el mundo, y esto además se mezcla con intereses geopolíticos, de dominación, conquista, modelo económico (el neoliberal), y un amplio etcétera.

Si desean conocer más acerca de la comunidad evangélica les recomiendo el siguiente podcast en español:

En fin, la ADL también reportaba en 2015 diferentes actividades en las que los miembros de Oath Keepers se habían visto inmersos.

Oath Keepers presenta vínculos con otros grupos extremistas antigubernamentales, de hecho resulta interesante que el ex sheriff de Arizona Richard Mack, y que es fundador de la "Constitutional Sheriffs and Peace Officers Association" o "Asociación de Sheriffs Constitucionales y Oficiales de Paz" (CSPOA), resulta ser también un miembro fundador en la junta directiva de Oath Keepers.

En definitiva, los Oath Keepers enfocan el reclutamiento en personas con experiencia militar y policial, así como también en otros trabajadores en la primera fila del combate. Se trata de una milicia de carácter antigubernamental dentro del movimiento "Patriota" y de extrema derecha, cuyos miembros afirman estar defendiendo la Constitución de los Estados Unidos. El grupo también presenta un historial de participación y promoción de su propia forma de vigilantismo al brindar seguridad armada voluntaria, sin que exista ningún tipo de afiliación a ninguna entidad encargada de hacer cumplir la ley, en el contexto de varias protestas y lugares.

El vigilantismo en Estados Unidos, tal y como explica Brown (1979, 154-156), ha devenido en movimientos organizados extra-legales que se apropian del uso de la violencia con la finalidad de "hacer justicia". En Estados Unidos el primer movimiento de este estilo surge por la falta de orden y legalidad en los territorios de frontera hacia el oeste de los Apalaches con mayor preponderancia, contándose el primero de estos movimientos entre 1767 y 1769 en Piedmont (Carolina del Sur), los South Carolina Regulators and Moderators, y continúa en el tiempo, reformulando sus bases, a pesar de que el Estado fuera haciéndose presente en esas zonas.

Brown distingue en este periodo, desde sus orígenes, tres momentos en el vigilantismo:

1/ El vigilantismo clásico, originado entre la era colonial y el periodo federal inicial, y se constituyó para luchar contra la criminalidad en los territorios de la expansión hacia el oeste de los Apalaches;

2/ El neo-vigilantismo, surgido en San Francisco en la década de los años 1850, enfocado contra minorías étnicas y religiosas. Si desea aprender más sobre este contexto puede hacerlo aquí; y,

3/ El seudo-vigilantismo, que aparece en la década de los años 1960, y vendría a ser la suma de los dos anteriores puntos, y cuyo génesis hay que buscarlo en la conflictividad social de aquel tiempo, junto a la fuerte reacción que supuso la muerte de varias figuras públicas que impulsaban cambios en los derechos civiles dentro de un contexto de transformación sociológica. Para este punto recomiendo la lectura de este documento.

Como pueden ver, en el persistente anuncio de la inminencia (apocalíptica) de una guerra civil norteamericana en nuestros días se pueden hallar dos pilares básicos: uno, vender libros; dos, se trata de algo que se adhiere en la forma en que se planea derribar la democracia e imponer el neoliberalismo. No hemos visto más que la persistencia de grupos organizados, particularmente desde la llegada del presidente Obama a la Casa Blanca, y que han ido en un fuerte ascenso. Siguen la forma de una "profecía autocumplida" que cabe entender en un cuadro más complejo.

Al igual que la fase que marcó el ascenso de Estados Unidos, y enfrentando los mismos desafíos, permanentes en el tiempo hasta la ofensiva igualitarista del New Deal y sus consecuencias.

Los Estados Unidos rojos y azules

Podhorzer fija una definición en su análisis por el que hay unos Estados Unidos que adquirirían un color rojo republicano y unos Estados Unidos con un color azul demócrata y que teñirían los estados en los que cada partido ha logrado el control unificado de la gobernación y la legislatura estatal durante los últimos años.

Siguiendo este criterio, tendríamos unos 25 estados que serían "rojos" o republicanos, 17 estados que serían "azules" o demócratas, y habría unos ocho estados que Podhorzer llama morados, ya que el control del gobierno estatal se halla dividido entre ambas formaciones políticas.

Por otro lado, Podhorzer también ofrece una agrupación ligeramente diferente de los estados que refleja la tendencia más reciente en la que Virginia ha votado como un estado azul a nivel presidencial, y Arizona y Georgia han pasado del rojo al morado, con lo que serían ahora 10 estados, una vez que incluimos a Arizona y Georgia en los llamados "estados morados", y que pasarían a quedar empoderados para decidir cuál de los Estados Unidos, si el rojo republicano o el azul demócrata dirigirá los destinos de la nación mediante elecciones presidenciales y legislativas.

Si tomamos los Estados Unidos "rojos", estos cuentan con un poco más de la población votante con capacidad de elegir de la nación, con un 45% frente a un 39%, aunque los Estados Unidos azules o demócratas contribuyen más al PIB de la nación en un 46% ante un 40% de los Estados Unidos dominados por los republicanos o rojos. Si contemplamos los Estados Unidos morados y atendemos a los cambios que han experimentado y cómo votan en tal caso obtenemos que los Estados Unidos azules y los Estados Unidos rojos son prácticamente iguales en cuanto a población en edad de votar y la ventaja azul en el PIB prácticamente se duplica, con unos Estados Unidos azules que aportarían en total un 48% de la riqueza nacional contra unos Estados Unidos rojos que se quedarían en un 35%.

Esta situación crea una divergencia que por sí misma es el motor de una enorme tensión en la cohesión del país, pero cabe concebir esto como una fase hacia una estación final, tal y como señalé aquí.

El GOP de la era Trump, esté Donald Trump o no esté al frente, espera utilizar su dominio electoral de los estados rojos, el sesgo de los estados pequeños en el Colegio Electoral y el Senado, y sumarle la mayoría designada por el GOP en el Tribunal Supremo para imponer su modelo económico y social a toda la nación, con o sin el apoyo mayoritario de la población, que de hecho no lo tiene: revisen el voto popular, y este es abrumadoramente demócrata en las presidenciales. En este sentido, cabe fijarse en la cantidad de miembros republicanos que se posicionaron en las posturas más favorables a Trump en las elecciones de 2020 y que se presentan a cargos que les proporcionarían el control de la maquinaria electoral para 2024, a lo que hay que sumar el avance sistemático de una agenda republicana por parte del Tribunal Supremo.

Estamos ante la consolidación de una divergencia tornada en abierto antagonismo y fuerte ofensiva entre la nación roja y la nación azul que marcarán no sólo Estados Unidos en el siglo XXI y más allá, también el mundo, junto a otras piezas clave en unas posturas potencialmente igualitaristas que retomen la ofensiva social en un contexto que lo favorece. El neoliberalismo y la ofensiva contra los derechos civiles es una inversión respecto a las décadas centrales del siglo XX, cuando la tendencia básica era hacia una mayor convergencia, dentro de Estados Unidos y en la zona del llamado "mundo libre".

Precisamente, un elemento de esa convergencia llegó a través de lo que los juristas llaman la "revolución de los derechos". Se trata de la sucesión de acciones del Congreso y del Tribunal Supremo, sobre todo a partir de la década de 1960, que reforzaron el suelo de los derechos nacionales y redujeron la capacidad de los estados para restringir esos derechos, elemento central de la situación que analizamos en la primera parte. Los momentos determinantes de dicha revolución fueron la aprobación de las Leyes de Derechos Civiles y de Derecho al Voto y las decisiones del Tribunal Supremo que derribaron las prohibiciones estatales sobre la anticoncepción, el matrimonio interracial, el aborto y, mucho más tarde, las prohibiciones de las relaciones íntimas y el matrimonio entre personas del mismo sexo, a lo que se sumaba el avance de una economía donde los impuestos tenían un papel igualitarista y nivelador y de una economía impulsada desde la planificación estatal. Y es aquí donde entra la recepción en 1941, y que cabría leer como una forma de contener el New Deal, de Burnham (2019) transformado abiertamente en neoconservador con el tiempo, por parte de los partidarios del neoliberalismo afianzado y que tuvieron que ceder ante los desafíos de la época de la Segunda Guerra Mundial y su posguerra: todo esto resulta que no es más que una dictadura comunista, según el mantra, totalmente interesado, del neoliberalismo y su fuerte ofensiva. Keynes defendía que se negociaran políticas de ingresos y salarios a través de sindicatos libres, gremios patronales y gobierno, manteniendo como siempre al parlamento. Tal y como acabo de explicar, la Segunda Guerra Mundial puso en competencia al New Deal con los modelos fascista y potencialmente con el de la URSS, y acabó por definir al sistema ganador convirtiéndose en el más palpable éxito que podía tener la intervención estatal masiva para desarrollar aceleradamente la producción, reducir las desigualdades y acabar con el autoritarismo.

Por consiguiente, lo que Keynes al final pone de manifiesto es que cuando una sociedad es hiperfinanciera y hay grupos inversores rentistas, bajo la justificación de la moral victoriana y una lectura interesada de la ética protestante de la frugalidad y el ahorro, entonces se especula y se acumula el ahorro poniéndolo en una situación perdedora respecto a la inversión, cosa que lleva a situaciones de subempleo crónicas, de las que se benefician las industrias futuristas del momento al introducirse, porque empujan los salarios a la baja y destruyen derechos sociales y laborales. Lo que propone Keynes es que se beneficie en un pacto social descendente a aquellos grupos de interés que pugnen por capturar las rentas que surgían de la actividad del Estado en torno a su gasto compensatorio del faltante privado, interesado en contener esta ofensiva, seguir especulando, contar con un mercado laboral muy favorable e imponer líneas autoritarias. El gobierno, por consiguiente, podía determinar el nivel de demanda agregada pero no debía interferir ni en la producción ni en la fijación de precios. La estabilidad de los salarios es un factor que debe considerar como importante y su crecimiento tendería a reforzar más la demanda agregada que a comprometer la rentabilidad de los empresarios.

Phillips (1969) demuestra que el empleo tendía a aumentar bajo situaciones de demanda intensa e inflación, no así las condiciones para el rentismo y las malas condiciones laborales, y esto tiene un impacto sobre la democracia, directamente proporcional a la forma en que ataca los cimientos de la desigualdad y del autoritarismo. El pleno empleo tenía como costo 'algo de inflación", y eso implicaba una política concreta de tipos de interés que incentivaba acabar con el rentismo y todo lo que trae asociado, y que había que pagarlo porque el alto empleo era un compromiso de la democracia liberal frente a la población.

Efectivamente, las diferencias entre los estados y dentro de los estados se vieron moderadas por las olas de inversión nacional, incluyendo el gasto del New Deal en electrificación rural, la Autoridad del Valle de Tennessee, las ayudas a los precios agrícolas y la Seguridad Social durante la década de 1930, y los programas de la Gran Sociedad que proporcionaron ayuda federal para las escuelas K-12 y la educación superior, así como con Medicare y Medicaid.

El impacto de estas inversiones, apuntalado por el gasto masivo en defensa en ambos periodos, con una industrialización en el sur de la federación, en los estados que históricamente habían gastado poco en servicios públicos y desarrollo económico se ayudó a reducir constantemente la diferencia de ingresos per cápita entre los estados de la antigua Confederación y el resto del país desde la década de 1930 hasta aproximadamente 1980. Ese progreso, sin embargo, se detuvo después de 1980, y la brecha se mantuvo prácticamente sin cambios durante las tres décadas siguientes. Desde aproximadamente 2008, siempre según Podhorzer, los estados del sur en el corazón de la nación roja han vuelto a quedar más rezagados con respecto a la nación azul en cuanto a la renta per cápita.

Un aspecto muy interesante viene definido por la aportación de Grumbach (2022), acerca de la evolución de los grandes partidos. De hecho, de acuerdo con Grumbach, los partidos coordinados a nivel nacional de hoy han cambiado fundamentalmente la forma en que opera el federalismo estadounidense, de tal manera que los gobiernos estatales no sirven como válvula de escape para la política nacional. Pero sin embargo, exacerban los desafíos nacionales. En lugar de mirarse unos a otros y emular qué políticas funcionan, los estados hoy día miran a los partidos políticos y se centran en lo que les ayuda a ganar y a financiarse. Así, los estados, particularmente los controlados por los republicanos, están realizando cambios que hacen que el gobierno sea menos representativo, menos receptivo y menos democrático. Voy a enumerar unos ejemplos que ilustran lo hasta aquí expuesto:

En Kansas, durante el año 2020, un líder republicano del Senado estatal fue grabado prometiendo a los donantes que podrían trazar distritos congresionales para elegir más republicanos a nivel nacional, si primero conseguían dinero para elegir más republicanos a nivel estatal.

En Wisconsin, en el año 2018, los candidatos demócratas ganaron el 53% de los votos en las elecciones para la Asamblea estatal... pero todo esto sólo supuso alcanzar el 36% de los escaños de la Asamblea estatal.

En Carolina del Norte, en el año 2016, los republicanos perdieron las elecciones a gobernador y la Cámara Legislativa aprobó inmediatamente una ley que limitaba el poder del gobernador, para que entrara en vigor justo cuando el demócrata recién elegido tomara posesión del cargo.

En 2021, 19 estados aprobaron leyes que dificultaban el voto. Todos ellos, excepto dos, y como reacción demócrata, estaban controlados por los republicanos. En esta línea durante 2022 los demócratas han reaccionado volviéndose más agresivos en estados como Illinois, Oregón y Nevada, al trazar sus propios gerrymanders y con ello trazar unos límites en los distritos para obtener ventajas; haciendo esto pretenden contrarrestar estas mismas prácticas hechas en una proporción muy superior desde hace tiempo por parte de los republicanos en otros lugares. Iniciándose, tras años de una fuerte ofensiva republicana, una serie de pequeñas respuestas por parte de los demócratas como reacción, cosa que hará que los republicanos bajo la hegemonía actual digan estar totalmente legitimados para hacer más de lo que han venido haciendo, y que por otro lado, pensaban hacer.

Otro ejemplo interesante vendría tras la anulación del caso Roe versus Wade, que se analizó en profundidad por Samuel Mattern en la revista Hermes Kalamos del Instituto Symposium. En efecto, Estados Unidos está ciertamente dividido en cuanto al aborto, pero la realidad es que tan sólo hay ocho estados en los que más del 50% de los votantes piensan que el aborto debería ser mayoritariamente ilegal, según un reciente análisis de The New York Times de 10 años de encuestas. Sin embargo, en casi la mitad de los estados, el aborto es ahora mayoritariamente ilegal o pronto podría serlo. Wisconsin, que se acerca a los seis millones de habitantes, cuenta ya una de las prohibiciones del aborto más estrictas del país. Sobre este particular reflexiona Grumbach:

"Dado que tradicionalmente se entiende que las políticas estatales responden en gran medida a la opinión pública, se podría suponer que la ley de Wisconsin reflejaba las preferencias del público en general. No fue así".

Según señalan con claridad las encuestas, el 54% de los votantes de Wisconsin piensan que el aborto debe ser legal.

Todo esto sirve para anticipar que el pulso echado en las elecciones presidenciales de 2020 puede empeorar en futuras elecciones presidenciales, pasando por el control de los diferentes estados, y lo que se legisle desde ellos, así como desde el Congreso.

Sabemos que en 2020 la campaña de Donald Trump tenía un plan para presentar listas fraudulentas de electores en siete estados donde Joe Biden ganó las elecciones, pero este plan se frustró. Así que, partiendo del control de una asamblea legislativa estatal, y debidamente presionada por un partido político nacional, como la actual hegemonía del partido republicano, podría llegar a presentar una lista alternativa de electores presidenciales, en contra de los deseos expresos de sus ciudadanos votantes.

También Grumbach aporta estos interesantes datos. En términos generales, los estados rojos republicanos, como conjunto, están cayendo por detrás de los azules demócratas en una amplia gama de resultados económicos y sociales, incluyendo la productividad económica, los ingresos familiares, la esperanza de vida y las "muertes por desesperación" en el contexto de la crisis de los opioides y el alcoholismo.

A pesar de que es cierto que, como tendencia, los estados rojos republicanos pueden señalar que la vivienda suele ser más asequible en esos estados rojos, no es menos cierto que, en parte por esa razón, la falta de vivienda se ha convertido en algo endémico en muchas grandes ciudades azules demócratas. Los impuestos de los estados rojos republicanos suelen ser más bajos que los de sus homólogos azules demócratas, aunque ya hemos visto las consecuencias. Muchos estados rojos republicanos han experimentado un sólido crecimiento del empleo, a pesar de que se ha concentrado en gran medida en las áreas metropolitanas que presentan una clara tendencia azul. Y los estados rojos republicanos de todo el Cinturón del Sol se encuentran entre los de mayor crecimiento demográfico del país.

Queda patente que los estados azules se están beneficiando más ampliamente a medida que Estados Unidos hace la transición a una economía de la información del siglo XXI, de alta productividad, y los estados rojos republicanos, con la excepción de sus principales centros metropolitanos que participan en esa economía y que son azules demócratas, están sufriendo a medida que las industrias centrales del siglo XX, es decir, la agricultura, la industria manufacturera y la extracción de combustibles fósiles, disminuyen.

De acuerdo con los cálculos de Podhorzer, el PIB per cápita y la renta media de los hogares son ahora ambos más de un 25% mayores en la sección azul demócrata que en la roja republicana. La proporción de niños en situación de pobreza es más de un 20% menor en la sección azul demócrata que en la roja republicana, y la proporción de hogares con ingresos por debajo del umbral de pobreza es casi un 40% menor. Las muertes por arma de fuego son casi el doble per cápita en las localizaciones rojas republicanas que en las azules demócratas, y lo mismo sucede con la tasa de mortalidad materna. La tasa de vacunación contra la COVID es aproximadamente un 20% más alta en las secciones azules demócratas, y la tasa de mortalidad per cápita de la COVID es aproximadamente un 20% más alta en la roja republicana (aunque se niegue y se recurra a la "libertad"). La esperanza de vida es casi tres años mayor en los estados azules demócratas (80,1 años) que en los rojos republicanos (77,4). Resulta interesante, por otro lado, que los antes mencionados estados púrpuras, se sitúan en algún punto intermedio, así que legislar para alterar las reglas democráticas y anclarlos, por ejemplo, al partido republicano y su actual hegemonía es algo que cabría esperar.

El gasto per cápita en educación primaria y secundaria es casi un 50% mayor en los estados azules demócratas en comparación con los rojos republicanos. Todos los estados azules demócratas han ampliado el acceso a Medicaid en virtud de la Ley de Asistencia Asequible, mientras que cerca del 60% de la población total de los estados rojos republicanos vive en estados que se han negado a hacerlo. Todos los estados azules demócratas han establecido un salario mínimo superior al nivel federal de 7,25 dólares, mientras que sólo un tercio de los residentes de los estados rojos republicanos viven en lugares que lo han hecho. Las leyes de derecho al trabajo son comunes en los estados rojos republicanos e inexistentes en los azules demócratas, cosa que supone que estos últimos presenten una proporción mucho mayor de trabajadores sindicados que los primeros, de ahí la cuestión social y laboral, y de ahí la permanente denuncia de comunismo por parte de la actual hegemonía republicana. Ningún estado de la sección azul demócrata tiene una ley que prohíba el aborto antes de la viabilidad fetal, mientras que casi todos los estados rojos republicanos están ejecutando sus planes para restringir el derecho al aborto ya que la mayoría del Tribunal Supremo designada por los republicanos anuló el caso Roe versus Wade. Casi todos los estados rojos republicanos han aprobado también leyes de "stand your ground", respaldadas por la Asociación Nacional del Rifle, que proporcionan una defensa legal a quienes utilizan armas contra una amenaza percibida, mientras que ninguno de los estados azules demócratas lo ha hecho.

La avalancha de leyes socialmente conservadoras que los estados rojos republicanos han aprobado desde 2021, y que podrían verse multiplicadas tras estas elecciones de mitad de mandato, en temas como el aborto; las discusiones en las aulas sobre raza, género y orientación sexual; y los derechos de los LGBTQ, está ampliando esta división. Ningún estado controlado por los demócratas ha aprobado ninguna de esas medidas.

En definitiva, para Podhorzer, la creciente separación significa que, tras el período de desvanecimiento de las distinciones, están resurgiendo diferencias de fondo que se remontan a la fundación del país. Y un elemento crucial de ello sería el consecuente retorno de lo que él llama "el gobierno de un solo partido en la nación roja", es decir el GOP. De este modo, Podhorzer documenta una vuelta a los patrones históricos de la época de Jim Crow en la que el partido dominante, en aquel momento los demócratas segregacionistas, ahora republicanos conservadores y neoliberales, ha sesgado el campo de juego para lograr un nivel de dominio político en la nación roja muy superior a su nivel de apoyo popular. En la base de esa ventaja, argumenta, y ya lo hemos demostrado así, están las leyes que dificultan el registro o el voto en muchos de los estados rojos republicanos, y los severos gerrymanders que han permitido a los republicanos asegurarse prácticamente el control indefinido de muchas legislaturas estatales. Tal y como hemos visto que probaba Grumbach (2022).

Las actuales midterms

Queda fijado el terreno sobre el que se van a mover las elecciones de mitad de mandato, en un contexto donde, tal y como expliqué en este documento, también Rusia trata de influir abiertamente para derribar a los demócratas, algo en lo que también habría un interés por parte de China, de la misma manera que hubo actores geopolíticos que miraban hacia Estados Unidos en el siglo XIX con recelo ante un posible ascenso y con la finalidad de someterlos a sus grandes estrategias comerciales y de dominación, tal y como expliqué en la primera parte de este documento. La secuencia es muy clara: para echar a los demócratas es preciso derrotarlos en estas elecciones legislativas, particularmente como ya he mencionado arriba, vencerlos en el Senado, además de en la Cámara de Representantes, y desde ese momento minar la acción de la administración Biden para que el GOP de Trump, esté él o no como candidato, se haga con el poder en las elecciones presidenciales de 2024. Esa es la hoja de ruta.

Las elecciones de mitad de mandato se celebran el 8 de noviembre de 2022. La Constitución de Estados Unidos establece que todos los miembros de la Cámara de Representantes (con un mandato de dos años) y alrededor de un tercio del Senado, pues sus miembros tienen un mandato de seis años, se votan en las elecciones de mitad de mandato. Están en juego:

  • 435 escaños de la Cámara de Representantes.
  • 35 de los 100 escaños del Senado. Realmente son los 34 escaños habituales más una elección especial para cubrir los cuatro años que le quedan al senador James Inhofe, de Oklahoma, que se retira.
  • 36 gobernadores estatales y tres gobernadores de territorios estadounidenses.
  • Un gran número de alcaldías y cargos locales.
  • 129 medidas que se someten a referéndum en 36 estados, incluidas las leyes sobre el aborto en California, Kentucky, Michigan, Montana y Vermont.

El Senado y la Cámara de Representantes constituyen las cámaras alta y baja del Congreso, que es el poder legislativo del Gobierno federal y el responsable de elaborar las leyes.

Cada estado de los 50 que forman la federación está representado por dos senadores, lo que implica un total de 100. En la actualidad, el Senado está dividido a partes iguales entre 50 senadores que se sitúan en la esfera demócrata, con 48 senadores azules y dos senadores independientes, que son Angus King y Bernie Sanders, y 50 republicanos. La actual vicepresidenta demócrata, Kamala Harris, que es también presidenta del Senado, ha emitido hasta 26 votos de desempate, más que cualquier vicepresidente desde John Calhoun entre 1825 y 1832, otra referencia a la anterior parte de este documento.

Cada estado obtiene representación en la Cámara de Representantes en proporción al tamaño de su población, pero tiene derecho al menos a un representante. La Cámara presenta una ventaja demócrata por 221 escaños contra 212 republicanos, además de dos vacantes, producidas por la muerte de Jackie Walorski y la dimisión de Charlie Crist.

De acuerdo con un análisis de los mapas del Congreso realizado por CBS News, hay 81 “escaños competidos”, lo que significa que suelen ser ganados por un partido u otro con una diferencia del 5%, o hasta menos.

De acuerdo con el Council on Foreign Relations, desde la Segunda Guerra Mundial, el partido del presidente ha perdido una media de 29 escaños en las primeras elecciones de mitad de mandato.

Los demócratas tienen más confianza en mantener la mayoría en el Senado, ya que defienden 14 escaños, mientras que los republicanos defienden 21.

Si los republicanos ganasen la Cámara de Representantes, el Senado o ambos, pasarían a bloquear gran parte de la agenda legislativa de Biden, la política internacional y causar tensiones con los socios y aliados de Estados Unidos, convirtiendo a Biden en un 'lame duck president' (pato cojo), además de iniciarse investigaciones en el Congreso sobre el hijo de Biden, Hunter, y otros objetivos partidistas, algo que está en la agenda de Rusia. Para esta cuestión recomiendo repasar este artículo.

Con una mayoría en el Senado, los republicanos estarían en disposición de bloquear los nombramientos del gabinete y del poder judicial, por ejemplo, si se produjera una vacante en el Tribunal Supremo.

A su vez, hay que tener presente que las elecciones a gobernador, secretario de Estado, fiscal general y las legislaturas estatales son más importantes que nunca, como ya he probado a lo largo de este documento. Los ganadores también podrían tener una enorme influencia sobre el derecho al aborto y la impugnación de la legitimidad de futuras elecciones presidenciales.

Les recomiendo visitar el siguiente enlace, para tratar de anticipar y seguir la intensa noche electoral del 8 de noviembre de 2022.

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