Introducción

Se puede afirmar que el comercio que unía la India, China, el Próximo Oriente antiguo y el espacio mediterráneo se puede rastrear en el tercer milenio a.C., siendo a partir del 600 a.C. la configuración del Imperio persa aqueménida un factor clave que propició a los diferentes estados e imperios de la India estrechar sus lazos comerciales en dirección al Mediterráneo. Posteriormente la llegada de Alejandro Magno y los cambiantes reinos helenísticos subsiguientes que se situaron en las fronteras del Imperio Maurya.

A pesar del periodo de invasiones como las de los yuezhi y saces en la parte norte del Subcontinente indio, estas rutas comerciales no se vieron afectadas de una manera prolongada.

El Comercio y las relaciones internacionales entre los imperios indios y Roma

Durante los siglos II y III d.C. Kushan y el Imperio romano cultivaron una cordial y mutuamente rentable relación que fue de considerable importancia económica para ambos. Desde finales del siglo I d. C. hasta mediados del siglo III los kushanos controlaron lo que hoy es Afganistán, Pakistán, Cachemira, partes de Asia central y China, además de gran parte del valle del Ganges. A su vez, el encuentro con Roma es fruto de la asunción del control del Mediterráneo oriental entre la reorganización del Oriente Próximo impulsada por Pompeyo Magno alrededor del 63 a.C. y la anexión como patrimonio personal de Egipto por parte de Octavio Augusto, para asegurar el bienestar de Roma, y de paso su poder ascendente hacia el Principado, en el 30 a.C.

El surgimiento del Imperio parto, por otra parte, impulsaría a kushanos e indios a buscar rutas marítimas que les permitieran escapar del control ejercido por el primero, enlazando directamente con las rutas africanas del mar Rojo y, por lo tanto, con el Imperio romano. Del mismo modo, la India no sólo consiguió mantener un importante flujo de exportaciones de sus propios productos, así como de importaciones de productos procedentes del Mediterráneo y Europa continental, sino que además se convirtió en un intermediario privilegiado del comercio de seda con la China de los Han.

Los beneficios que este comercio aportó a los estados indios hicieron que las autoridades de estos pusieran un cuidado especial en proteger y mejorar las rutas existentes, procurando dotarlas de infraestructuras óptimas para sus fines. Fundamental para el funcionamiento del comercio en la India durante el periodo kushan, como prueba del impacto del comercio entre ambos imperios, fueron en Kushan los gremios y cofradías de mercaderes, conocidas como shreni. Se trataba de asociaciones de profesionales, comerciantes y artesanos que actuaban como cooperativas, “compañías”, organizaciones reguladoras e incluso entidades financieras, siendo impulsadas con entusiasmo por los soberanos.

La acuñación de moneda supuso otra medida importante para impulsar el comercio: tras la caída del Imperio maurya, las acuñaciones se disparan, facilitando las transacciones más allá de las fronteras de los cambiantes estados indios del momento. La construcción de carreteras y puertos, y el mantenimiento de rutas fluviales, permitió mantener el flujo de productos dentro del propio Subcontinente, así como su posterior exportación a grandes distancias. Múltiples ciudades indias se desarrollaron como consecuencia directa de la actividad comercial, convertidas en encrucijadas o puertos de primer orden. Plazas como Nasik y Karad en Maharashtra o Nagarjunakonda en la región de Adhra serían un buen ejemplo. Las principales rutas comerciales hacia el exterior partían de cinco puertos de gran importancia: la llamada Barbaricum, en el delta del río Indo, Barygaza en la costa de Gujarat, Muziris en la costa de Kerala, Arikamedu en la costa de Coromandel, y finalmente Tamralipti en el delta del Ganges. Estos puertos concentraban el grueso del comercio indio con Arabia, el Próximo Oriente, el Imperio romano y el Sureste asiático.

Las principales rutas comerciales terrestres de la India, por su parte, arrancaban desde la región de Taxila hacia Asia occidental y la Meseta irania, enlazando directamente primero con los dominios de los grandes imperios helenísticos, y posteriormente con el espacio ocupado por el Imperio parto hasta el Mediterráneo. Una vez los kushanos afianzaron su dominio más allá del río Oxus, el mar de Aral y el valle medio del río Ganga, las rutas comerciales terrestres alcanzaron una nueva dimensión: bajo el dominio kushano, misioneros budistas y mercaderes indios acabarían por fraguar una importante alianza de intereses; allí donde los comerciantes establecieron sus colonias y centros de intercambio, los misioneros budistas fundaron monasterios. La expansión del budismo y del comercio de productos indios, principalmente en Asia central y en dirección a China, caminaron frecuentemente de la mano, impulsándose y protegiéndose mutuamente. A su vez, desde el punto de vista chino, los emperadores de la dinastía Han, conscientes de los problemas que el Imperio parto representaba para el comercio regular con el Imperio romano, depositaron en manos de los comerciantes indios y en las rutas terrestres y marítimas controladas por ellos (bajo la protección del Imperio kushan primero y gupta más tarde) la mayor parte del comercio de la seda dirigido hacia Roma. De este modo, la seda china enlazaba primero con las rutas indias en Asia central para dirigirse hacia la región de Taxila, desde donde descendía hacia la costa occidental de la India para continuar por mar a partir de puertos como Barbaricum hacia el mar Rojo y Arabia, evitando en todo momento las rutas controladas por el Imperio parto (a las cuales se destinaba tan sólo aquellos productos que debían de acabar en los mercados de Ctesifonte). La situación estratégica del Imperio kushan haciendo posible el mantenimiento estable de estas rutas hizo que la nobleza kushana se implicara activamente en esta actividad.

Arquitectura del Imperio kushano

La pacificación del Estado romano bajo el gobierno de Octavio Augusto, y la puesta en marcha del Principado y posterior sistema imperial del gobierno supuso un notable impulso del comercio entre el Mundo mediterráneo y la India, en busca no sólo de satisfacer las necesidades de Roma en productos de lujo de China o la propia India, sino de satisfacer también la demanda de los mercados del Subcontinente indio y del Imperio Han de productos procedentes de Europa, el Norte de África y el Próximo Oriente. La anexión de Egipto por parte de Roma hacia 31 a.C. facilitó el proceso, poniendo en manos del Estado romano toda una serie de puertos que poseían una dilatada tradición de contacto con la India desde tiempos previos al periodo helenístico.

Hacia 45 d.C., Hípalo, navegante alejandrino, estudió los vientos y tormentas estacionales del Océano índico (el monzón), delimitando sus pautas y su regularidad, de modo tal que facilitó a otros navegantes un seguro acceso a las rutas en dirección a la India, y por lo tanto, ayudando a la intensificación de los contactos comerciales. Depósitos de monedas romanas como el encontrado en Arikamedu testifican sobradamente la importancia y volumen de los contactos comerciales establecidos entre Roma y los estados de la India. La mayor parte de estos depósitos, además, están documentados en el Norte de la India.

Ánforas y cerámicas de diversa tipología romana han sido encontradas también en el Subcontinente indio. Del mismo modo, rompiendo con el tópico que defiende una iniciativa puramente occidental en la puesta en marcha del comercio Roma-India, la papirología ha demostrado la existencia de contratos paritarios entre mercaderes indios y romanos, a la vez que la investigación arqueológica en Egipto ha demostrado la presencia de mercaderes y misiones comerciales indias en suelo romano.

Es posible que la campaña de Trajano en Partia se plantease por razones económicas. Precisamente la incorporación de Arabia Petraea por parte de Palma, el gobernador de Siria, como provincia hacia el año 106 d.C. y la llegada de embajadas indias a Roma un año después podrían ser vectores que apuntasen el interés del emperador por profundizar las relaciones comerciales con la India, tal y como recoge Dion Casio (68. 15, 1). Si tenemos presente que el Imperio romano resultaba clave como mercado, sobre todo en lo que a productos de lujo se refiere, que habían de llegar tanto por mar, a través del mar Rojo, como por tierra, por la ruta de la seda. En ambos casos, como es lógico, estas vías pasaban por regiones y/o puertos que estaban bajo control de los partos. La lógica indica que extender la influencia romana hacia el este y destruir el poder parto provocaría una disminución considerable en el precio de los productos de lujo, ya que desaparecerían las tasas impuestas por el Imperio parto. Y es en este sentido que, en mi opinión, las guerras en Dacia de Trajano perseguían varios objetivos:

a) La eliminación de un poderoso aliado geopolítico en un punto clave para el abastecimiento y vías de comunicación romanas hacia Partia;

b) Una oportunidad de ensayar una guerra compleja contra unidades similares, e incluso mejores en el caso de la infantería, además de poder tomar una experiencia extra en asedio de ciudades, fortalezas, puntos fuertes, etcétera;

c) Las guerras en Dacia suponían un alivio a las arcas romanas, además de ingresos en minerales estratégicos[1], ganar tierras donde asentar cultivos y expansión de rutas comerciales, y por último contar con contingentes auxiliares de utilidad para la guerra contra los partos. Todo ello lo apoyaría el hecho de cómo enfoca Trajano el casus belli, pues no toma en consideración ningún atenuante ni ningún aspecto que permita negociar, pues se muestra inflexible con la cuestión planteada por Osroes y la solicitud de buena voluntad por la destitución de Axiadares, rompiendo una regla fijada desde tiempos de Nerón.

Creo que es posible concluir que los avances en tiempos de Trajano podrían ser vistos como parte de una gran estrategia hacia la India por varios puntos, con el afán también de consolidar posiciones y avanzar, llegado el caso, en una doble pinza pillando a los partos en medio. No obstante, también pienso en que, de alguna manera, la estrategia está incompleta, a no ser que se mire con la mirada de Julio César: dominar Dacia, Partia y cerrar el círculo por Germania para crear una suerte de “círculo virtuoso” apoyándose en lo marítimo para potenciar y agrandar la influencia de Roma y asegurar una ruta de la seda de cada vez mayor valor comercial, cultural y político.

Para los siglos IV y V d.C. la mayor parte del norte de la India vivió un cambio de poder hegemónico protagonizado por los soberanos de la dinastía Gupta, que provenían de las llanuras de Ganga, dando lugar a un Imperio gupta a partir del reinado de Chandragupta I, el tercer soberano de esta dinastía, que asumió el título de “rey sobre los reyes” o maharajadhiraja, iniciando un proceso de expansionismo en forma de la combinación de campañas militares y alianzas político-matrimoniales.

Durante el reinado de Kumaragupta I (415-455 d.C.) el Imperio gupta construye una fase de afirmación y consolidación de su estructura como superpotencia, iniciando para ello una reforma burocrática y persiguiendo la plasmación de una administración avanzada, puestas ambas al servicio de optimizar la gestión de un espacio tan extenso como heterogéneo, y aunque en un principio escaparon a lo convulso de aquellos tiempos en Europa, Próximo Oriente e Irán, para mediados del siglo V d.C. los hunos habían cruzado el Hindukush ocupando Gandhara en 460 d.C., no obstante aún aparecería un soberano con las capacidades de Skandagupta I (455-467 d.C.) como para detenerlos y mantenerlos alejados por tres décadas del Subcontinente indio. Pero tras la muerte de Skandagupta I la descomposición del Imperio gupta se hizo imparable enfrentándose a las debilidades y contradicciones propias de un sistema tan descentralizado y con una burocracia que no había logrado cuajar, dando lugar a una pléyade de estados independientes hacia el 550 d.C.

Arte representativo del Imperio gupta

Se podría contar como factor añadido a tener en cuenta el concepto de samanta. Éste término hace referencia al hecho de jurar públicamente fidelidad y promesa de apoyo al Imperio gupta, mediante el permitir el acceso a determinados recursos, ayuda militar o política, con lo que ejercían el dominio de sus posesiones en calidad de vasallos o soberanos subsidiarios. Éste sistema llamado samanta se aplicó al plano de la organización social, económica y política. A diferencia del gran Imperio Maurya o del Imperio kushan, los guptas tienen que iniciar un proceso de pérdida de la posesión de tierras estatales mediante arrendamiento o concesiones, que iban orientadas hacia los brahmanes, sea a nivel individual o un grupo de ellos (brahmadeya); hacia instituciones religiosas, caso de templos y monasterios (devagrahara o devadana); y concesiones hechas a oficiales del estado, cofradías, gremios y, en algún caso más excepcional, a oficiales del ejército.

Uno de los motivos principales, y por el que hay que contar con ello para valorar la descomposición y debilidad de los gupta, para emprender esta pérdida de poder de un eje con capacidad centralizadora hacia grupos con ambiciones centrifugadoras estaría en la pérdida del comercio hacia Occidente debido a la progresiva desestabilización del poder romano a partir del siglo V d.C., a la que seguirían épocas de conflicto dentro del Imperio romano de Occidente y su pugna entre varios territorios, así como la pugna del Imperio romano de Oriente y su pugna en dos direcciones: hacia Occidente, reinos germanos, y hacia Oriente, los persas sasánidas. Esto supuso una pérdida de ingresos que era vital para las superpotencias indias y obligó a emprender el mencionado proceso de alienación de la tradicional posesión de la tierra, con carácter temporal o, incluso, permanente. Los brahmanes que fueron gratificados con concesiones de tierra pretendieron, ante la debilidad constante del poder, consolidar estas posesiones como hereditarias, y de paso, vincular a los habitantes de estas tierras a la posesión hereditaria, a los que sobre el papel debían proteger, aunque la realidad es que acabaron siendo una fuerza de trabajo que podían emplear a voluntad. En otras ocasiones poblaciones enteras eran entregadas desde el poder real al control de brahamanes o templos, libres de pago de rentas, pero con la obligación de recaudar impuestos para el poder central y con ello paliar cierta falta de ingresos. A ello reaccionaban los nuevos poseedores de dichas poblaciones aumentando los impuestos a la población con la finalidad de dirigir este aumento hacia las exigencias del fisco, pero manteniendo intactas sus ansias de prosperar y fortalecer su posición de poder creciente. Al final, las concesiones, arrendamientos o ventas de tierras y poblaciones a miembros de la administración civil o el ejército se convirtió en la forma de poder pagar sus servicios o su salario regular, creando una clase de intermediarios a la manera “feudal” en el espacio rural, cada vez más importante, y que lograron construir y consolidar dominios propios de gran importancia y rentabilidad.

Conclusiones

Se puede establecer varios focos o nodos de comunicación, comercio, cultura, religión, pensamiento político y que abarcarían, grosso modo, el Mediterráneo Oriental, controlado desde Roma; el espacio de Irán; Asia Central e India; y, por último, China. Estas cabezas de poder, por llamarlas así, comunicaban entre ellas en la época en la que se ha trazado el ensayo, impulsando corrientes religiosas que, por cierto, no tuvieron su éxito definitivo en su lugar de origen, más bien fueron llevadas hacia otros lugares, caso del cristianismo y del budismo. También se ha podido observar la importancia de la alianza entre comerciantes y religiosos, y en determinado momento, la unión de ambos contra el poder imperial: caso del islam o del budismo, elementos que cuentan con cierta difusión en China, pero también con tensiones sociales debido precisamente al papel del budismo con la deuda y el factor comercio, cosa que sí supo templar o matizar el islam al añadir la obligación de la limosna o el azaque, tercer pilar del islam, mencionado en varias ocasiones a lo largo del Corán, por ejemplo en la Sura del Hierro, la 57:7

Creed en Allah y en Su mensajero y gastad de aquello que ha delegado en vosotros porque los que de vosotros crean y den con generosidad tendrán una enorme recompensa.”.

También, y relacionado con este hecho, tiene mucho que ver la capacidad de contar con una maquinaria perfecta, o cuasi perfecta, caso de la china, para sobrevivir como imperio. La capacidad de China, a pesar de vivir episodios de concentración de poder y fragmentación del mismo, de volver una y otra vez, y ser capaz de organizar superpotencias hegemónicas y de gran poder económico podría tener que ver con el hecho de contar con una administración burocrática compleja, eficiente y altamente cualificada, a pesar de suceder lo mismo que en todas las partes unidas por esta ruta de la Seda: el Estado central se vino abajo, las ciudades entraron en una crisis profunda, la importante acuñación de moneda también vivió un significativo retroceso, pero no tardó tanto en resurgir otro Estado centralizado gobernado por la élite confucianista y con una burocracia excelente, con una gran capacidad de contar con un poderoso “mercado interno”, con cierto afán de mantener cierto control sobre los mercaderes, con un éxito de imbricación entre el poder espiritual y el terrenal expresado en el pensamiento de los seguidores de Confucio.

Otro aspecto sobresaliente que me ha llamado la atención tiene que ver con el hecho de que quizás las invasiones que sufrió Europa desde las estepas y más allá en el fondo podría tratarse del hecho de que estos invasores, caso de los hunos, buscaban seguir el rastro del comercio y el oro, y esto quizás explicaría el movimiento de grupos como los hunos de este a oeste.

Aplicación a la Geopolítica actual

En el caso de India estamos ante un gigante en Asia. Situada en el centro del océano Índico. Históricamente su poder y riquezas son fabulosas, como las de China y su área de influencia. Es el centro de uno de los grandes imperios de la llamada era axial, el llamado Imperio Maurya (320 a 180 a.C.), y que alcanzó su apogeo en tiempos de Ashoka el Grande. Pero si proverbiales son sus grandes reinos y el gran Imperio Maurya, sus rutas comerciales, su riqueza y prosperidad, además de ser el hogar de uno de los grandes núcleos civilizadores de la humanidad, situado en el valle del Indo y el Punyab, no resulta menos proverbial su extraordinaria riqueza cultural: es la cuna del hinduismo, el budismo, el jainismo y el sijismo, estuvo muy vinculado a la influyente religión vinculada al dios Mitra y la difusión védica por Persia y el Imperio romano.

El resultado de ser un lugar tan estratégico, rico, poderoso, confluencia de caminos es que India es un lugar con una gran pluralidad cultural y lingüística. Sin embargo, su pasado como parte colonial del Imperio británico y las consecuencias del proceso descolonizador tuvieron dos consecuencias también traumáticas para India: la separación de una parte de su territorio como consecuencia de un conflicto religioso con los musulmanes: un Pakistán oriental, que luego sería Bangladesh, y un Pakistán occidental, que es el actual Estado de Pakistán; el siguiente proceso que configura a la India es su conflicto con Pakistán por Cachemira, región que quedó dividida entre ambos Estados, y agravado con la capacidad nuclear de ambos contendientes.

Otro factor relevante para India es el legado del inglés, pues sirve como interlingua entre comunidades, les abre la posibilidad de acceder a una excelente educación a las élites y de formarse y prosperar en el terreno de las tecnológicas. Su industria militar, con gran cooperación con Rusia, ya es muy relevante y está impulsando su PIB.

Un aspecto en el que una India cada vez más fuerte y vigorosa puede sobresalir y, hasta resolver como ejemplo tiene que ver con sus enormes capacidades y posibilidades de emprender una poderosa revolución agrícola o verde. India empieza a tener capacidades para ser un contrapeso de China, pero a cambio, China también tiene capacidad de contrapeso en India y en la zona: la insurgencia naxalita, una guerrilla de inspiración maoísta, con gran capacidad y que tiene sus zonas de acción concentradas ante todo en el <<Corredor Rojo>>: Andhra Pradesh, Bihar, Chhattisgarh, Jharkhand, Madhya Pradesh, Orissa, Uttar Pradesh y Bengala Occidental. Pero la fuerza de maoísmo también tiene influencia en Bangladés, Nepal -donde ha empezado a triunfar políticamente- y Bután. A pesar de lo estratégico del océano Pacífico, otro de los puntos clave del planeta estará con gran relevancia en el océano Índico, mar Rojo, golfo Pérsico, mar Arábigo y el gran golfo de Bengala. India, si enfrenta con éxito sus desafíos, influirá determinantemente hacia Asia Central, el altiplano iraní y tratará de equilibrar a China en el sureste asiático.

Precisamente de ese espacio, en contacto con el norte de la India, con China, con el Norte de África y con el mundo grecorromano, y después germánico y eslavo viene nuestra identidad, utilizando el puente de Persia.

En definitiva, como queda demostrado, India cuenta con un potencial enorme en numerosos aspectos y con una capacidad de equilibrio, contención, influencia tan considerables, y que a su vez, nos resulta en cierto sentido hasta próximo y parte de una identidad ampliamente compartida.

Bibliografía

DION CASIO, Historia romana. Libro LXVIII. Edición digital.

SCHMITTHENNER, R., “Rome and India: Aspects of Universal History during the Principate”, JRS, 69, 1979, pp. 90-106.

THORLEY, J., “The Roman Empire and the Kushans”, Greece & Rome, Second Series, vol. 26, 2, 1979, pp. 181-190.

[1] El tesoro de Decébalo se estima en 165 toneladas de oro y 330 toneladas de plata, además de “otros objetos de gran valor”, tal y como informa Dion Casio en (68. 14, 5). THORLEY, J. 1979, p. 190, en la nota 7 estima que la cantidad permitía mantener a todo el ejército romano por 90 años. A su vez, la captura de Dacia y sus recursos seguramente estimuló el envío de embajadas desde India y otras partes. El intercambio comercial entre Roma y la India incluía oro acuñado a cambio de bienes suntuosos y seda.