Análisis interdisciplinar de viabilidad técnica, implicaciones estratégicas y dinámicas de negociación en el contexto del Nuevo START, la competencia geopolítica por recursos y la búsqueda rusa de acuerdos políticos con Europa

Palabras clave: Burevestnik · SSC-X-9 Skyfall · propulsión nuclear de ciclo abierto · Project Pluto · disuasión · New START · control de armamentos · armas hipersónicas · armas exóticas · teoría de juegos · señalización costosa · propaganda · opinión pública · guerra de Ucrania · estabilidad estratégica · competencia entre grandes potencias · escalada para desescalar

RESUMEN

El programa 9M730 Burevestnik (designación OTAN: SSC-X-9 Skyfall) constituye un esfuerzo estatal deliberado por parte de la Federación Rusa para dotar a un misil de crucero de propulsión nuclear autónoma con el objetivo declarado de lograr un alcance operativo extremadamente amplio y una capacidad de sortear defensas antimisiles mediante trayectorias no convencionales y vuelo prolongado. Este trabajo ofrece un análisis interdisciplinar riguroso que integra seis dimensiones analíticas fundamentales interrelacionadas: la viabilidad técnica del concepto de propulsión nuclear de ciclo abierto; las implicaciones radiológicas derivadas tanto de la operación nominal como de escenarios de fallo o interceptación; la función doctrinal específica del sistema en la estrategia nuclear rusa contemporánea; las consecuencias para el régimen internacional de control de armamentos tras la expiración definitiva del Tratado New START el 5 de febrero de 2026; el uso estratégico del programa como herramienta de comunicación y propaganda; y las dinámicas geopolíticas de competencia por recursos estratégicos y la búsqueda rusa de acuerdos políticos con Europa.

El análisis parte de un riguroso examen de la literatura técnica especializada que incluye datos históricos del Project Pluto estadounidense (1957-1964) desarrollado por el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, estudios publicados en revistas científicas de alto impacto sobre física nuclear aplicada e ingeniería aeroespacial, reportes técnicos de centros de investigación estratégica de reconocido prestigio internacional (RAND Corporation, Carnegie Endowment for International Peace, Center for Strategic and International Studies, Chatham House, International Institute for Strategic Studies, Stockholm International Peace Research Institute, Arms Control Association, Federation of American Scientists), análisis forenses detallados del accidente radiológico de Nyonoksa de agosto de 2019 que resultó en cinco muertes confirmadas de personal científico-técnico de Rosatom y la detección de isótopos radiactivos específicos (ruthenio-103, estroncio-91, bario-140, cesio-137) por estaciones de monitoreo europeas de la red de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (Becker et al., 2020; Spykman et al., 2021), y fuentes periodísticas verificadas sobre la prueba del 21 de octubre de 2025.

Crucialmente, este estudio subraya que la prueba del 21 de octubre de 2025 carece de verificación independiente externa del funcionamiento continuo del reactor nuclear durante las 15 horas de vuelo declaradas por el Estado Mayor ruso. Según las declaraciones oficiales comunicadas por el general de ejército Valery Gerasimov durante una reunión transmitida en video por el Kremlin, el misil habría cubierto aproximadamente 14.000 kilómetros, implicando una velocidad promedio subsónica de aproximadamente 930 kilómetros por hora o Mach 0,76 (Reuters, 2025; The New York Times, 2025). El gobierno noruego confirmó que el vuelo se lanzó desde el archipiélago de Novaya Zemliá, pero no existen datos radiológicos públicamente disponibles de estaciones de monitoreo que permitan inferir la operación efectiva de un reactor de ciclo abierto durante la trayectoria completa del vuelo (CSIS, 2025). Expertos como Pavel Podvig y analistas del Atlantic Council han subrayado consistentemente que las declaraciones rusas deben evaluarse con escepticismo informado dado el historial documentado de al menos trece pruebas entre 2017 y 2025 de las cuales solo dos fueron evaluadas como «parcialmente exitosas» según fuentes de inteligencia estadounidenses (CSIS Missile Threat, 2019).

Una contribución original fundamental de este estudio consiste en la integración analítica sistemática de tres dimensiones que la literatura académica existente ha tratado de forma fragmentaria: la dimensión técnico-ingenieril, la dimensión estratégico-negociadora y la dimensión político-propagandística. El análisis demuestra que el valor del Burevestnik para la estrategia rusa contemporánea no es función exclusiva de su operatividad militar efectiva, sino de la interacción compleja entre capacidad técnica parcialmente demostrada, señalización costosa de determinación negociadora según los marcos analíticos desarrollados por Schelling (1960), Fearon (1997) y Kydd (2005), y explotación propagandística tanto hacia audiencias externas como internas. El estudio incorpora una dimensión histórica comparada mediante el análisis de precedentes estadounidenses de uso de armas exóticas como instrumentos de negociación, particularmente la Iniciativa de Defensa Estratégica (SDI), el despliegue de misiles Pershing II y el misil MX Peacekeeper.

1. INTRODUCCIÓN: EL BUREVESTNIK EN LA ENCRUCIJADA DE LA TECNOLOGÍA, LA ESTRATEGIA Y LA POLÍTICA

1.1. Contexto histórico-político del anuncio de marzo de 2018

Desde su presentación pública inaugural el 1 de marzo de 2018 en el discurso anual del presidente Vladímir Putin ante la Asamblea Federal de la Federación Rusa celebrado en el Manezh de Moscú, evento político-constitucional de máxima relevancia en el calendario gubernamental ruso que define prioridades nacionales legislativas y presupuestarias, el misil de crucero de propulsión nuclear Burevestnik ha ocupado un lugar central persistente en los debates académicos multidisciplinares de estudios de seguridad internacional, análisis técnicos especializados de sistemas de armas emergentes y evaluaciones de políticas públicas sobre modernización de arsenales nucleares (Putin, 2018; Kristensen y Korda, 2019; Sokov, 2018; Arbatov, 2019).

La presentación del Burevestnik formaba parte de un anuncio más amplio de seis nuevos sistemas de armas estratégicas que Putin caracterizó como necesarios para «preservar la estabilidad estratégica» en respuesta a desarrollos que Moscú percibía como amenazas existenciales a su capacidad de represalia de segundo ataque. El discurso estuvo acompañado de animaciones que mostraban al misil sorteando las defensas antimisiles estadounidenses mediante trayectorias no convencionales, sobrevolando el Atlántico, rodeando América del Sur y finalmente impactando un objetivo en Florida. El contexto geopolítico inmediato incluía la retirada unilateral estadounidense del Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM) en junio de 2002, el despliegue de sistemas Aegis Ashore en Rumanía (declarado operativo en mayo de 2016) y en Polonia, y la revisión por parte de la administración Trump de la arquitectura de defensa antimisiles que culminaría, en enero de 2025, en el anuncio de la iniciativa Golden Dome, que contempla el despliegue de interceptores espaciales por valor de 175.000 millones de dólares (Associated Press, 2025).

Sin embargo, conviene señalar una contradicción significativa y reveladora en el discurso oficial ruso que el análisis crítico riguroso no puede obviar. En 2001, inmediatamente después del anuncio estadounidense de retirada del Tratado ABM, el propio presidente Putin declaró públicamente que dicha decisión «no supone una amenaza para la seguridad nacional de la Federación Rusa», puesto que Rusia, «a diferencia de otras potencias nucleares, posee desde hace tiempo un sistema eficaz para superar las defensas antimisiles». Esta declaración de 2001, documentada por el CSIS entre otros, contrasta llamativamente con las alarmas expresadas en 2018 sobre las mismas capacidades de defensa antimisiles (CSIS, 2025). Como argumenta el Atlantic Council en su análisis de 2021, un grupo de expertos convocado por el Scowcroft Center for Strategy and Security y el Laboratorio Nacional Los Álamos concluyó que las razones más importantes de estos sistemas eran «una paranoia genuina sobre la vulnerabilidad del disuasivo nuclear ruso y un deseo de señalizar el estatus de gran potencia de Rusia a audiencias extranjeras y domésticas», más que necesidades operacionales estrictamente definidas.

1.2. Precedentes históricos: armas exóticas estadounidenses como instrumentos de negociación estratégica

Una dimensión analítica frecuentemente obviada en la literatura sobre el Burevestnik consiste en situar el programa en el contexto histórico más amplio de precedentes de uso de armas exóticas o técnicamente ambiciosas como instrumentos de presión negociadora, independientemente de su viabilidad operacional inmediata. Estados Unidos desarrolló durante la Guerra Fría varios programas de este tipo cuyo análisis retrospectivo proporciona marcos interpretativos valiosos para comprender la lógica estratégica del Burevestnik.

El precedente más significativo es la Iniciativa de Defensa Estratégica (Strategic Defense Initiative, SDI), anunciada por el presidente Ronald Reagan el 23 de marzo de 1983 en un discurso televisado en el que llamaba a los científicos estadounidenses a desarrollar capacidades que hicieran a las armas nucleares «impotentes y obsoletas». En enero de 1984, la Casa Blanca estableció formalmente el programa, que contemplaba tecnologías como interceptores cinéticos orbitales, láseres de rayos X bombeados por explosiones nucleares y sistemas de partículas de haz neutro, conceptos que la comunidad científica recibió con escepticismo generalizado y que rápidamente adquirieron el apodo derisorio de «Star Wars» (Bateman, 2023). Inmediatamente después del anuncio, la perspectiva de un programa de defensa basado en el espacio se convirtió en el obstáculo principal para el diálogo estratégico entre Washington y Moscú. El líder soviético Yuri Andrópov acusó a Estados Unidos de buscar una capacidad de primer ataque contra las fuerzas soviéticas.

Como documenta Aaron Bateman en su análisis publicado en Arms Control Today en septiembre de 2023, el SDI se convirtió en el tema central de la cumbre de Reikiavik en octubre de 1986 entre Reagan y Gorbachov. Inesperadamente, los dos líderes acordaron la posibilidad de eliminar «todas las armas nucleares», pero Gorbachov añadió la contingencia de que el SDI debía confinarse al laboratorio. Tras la negativa de Reagan, ambos líderes abandonaron Reikiavik sin acuerdo. Crucialmente, Gorbachov tomó la decisión histórica en febrero de 1987 de desvincular (delink) el SDI del progreso en las negociaciones sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF). Esta decisión fue motivada primordialmente por consideraciones de reforma económica interna en el marco de la perestroika y no por presión técnica del SDI, según documentación analizada por la Arms Control Association. Asesores técnicos de Gorbachov le habían convencido de que contramedidas asimétricas como armas antisatélite y misiles balísticos de combustión más rápida constituirían una solución viable y costo-efectiva si Estados Unidos avanzaba hacia el despliegue del sistema (Bateman, 2023). La desvinculación allanó el camino en diciembre de 1987 para la firma del Tratado INF, que eliminó una categoría completa de misiles terrestres con alcances entre 500 y 5.500 kilómetros.

Un segundo precedente directamente relevante es el despliegue de misiles Pershing II en Europa Occidental a partir de diciembre de 1983 en el marco de la decisión de doble vía (dual-track decision) adoptada unánimemente por la OTAN el 12 de diciembre de 1979. Esta decisión, tomada en respuesta al despliegue soviético del SS-20, un misil balístico de alcance intermedio moderno, móvil, con tres ojivas independientes y alcance para atacar toda Europa Occidental, establecía dos vías paralelas: negociaciones de control de armamentos con la Unión Soviética para restaurar el equilibrio al nivel más bajo posible y, en ausencia de acuerdo, modernización mediante despliegue de 464 misiles de crucero terrestres y 108 misiles Pershing II a partir de diciembre de 1983 (Federation of American Scientists, INF Chronology). El despliegue generó protestas masivas en Europa, particularmente en Alemania Occidental, pero jugó un papel significativo en la firma del Tratado INF de diciembre de 1987.

Un tercer precedente es el misil MX Peacekeeper (LGM-118A), misil balístico intercontinental pesado de combustible sólido con capacidad de transportar diez cabezas nucleares W87 de 300 kilotones cada una. En enero de 1983, la administración Reagan estableció la Comisión de Fuerzas Estratégicas del Presidente, presidida por el exasesor de Seguridad Nacional Brent Scowcroft, que concluyó en abril de 1983 que una combinación de cien misiles MX, un nuevo ICBM móvil de ojiva única (Midgetman) y reducciones efectivas de armas era la mejor vía para promover la estabilidad estratégica (Texas National Security Review, Cameron, 2025). Crucialmente, cuando la administración Reagan argumentó que los misiles eran útiles como «moneda de cambio» (bargaining chip) para negociar un tratado de control de armamentos, el Congreso autorizó la producción. En su mensaje al Congreso del 4 de marzo de 1985, el presidente Reagan afirmó: «Sin el Peacekeeper, nuestras posibilidades de alcanzar un acuerdo equitativo con la Unión Soviética para reducir significativamente nuestros arsenales nucleares se reducen sustancialmente» (Reagan Library, 1985). Estos tres precedentes demuestran que el uso de programas de armas técnicamente ambiciosos como instrumentos de señalización estratégica y presión negociadora constituye un patrón recurrente y no una innovación específicamente rusa.

2. FUNDAMENTOS TÉCNICOS: LA PROPULSIÓN NUCLEAR EN MISILES DE CRUCERO Y EL LEGADO DEL PROJECT PLUTO

2.1. El reactor nuclear de ciclo abierto: principios termodinámicos y limitaciones materiales

Un reactor nuclear de ciclo abierto aplicado a propulsión aeronáutica, técnicamente denominado estatorreactor nuclear (nuclear ramjet), emplea un principio de funcionamiento termodinámico radicalmente diferente al de los reactores nucleares convencionales de circuito cerrado utilizados en submarinos de propulsión nuclear, portaaviones, rompehielos o instalaciones terrestres de generación eléctrica (Glasstone y Sesonske, 1994; Lamarsh y Baratta, 2001). Mientras que los reactores convencionales operan con sistemas primarios de refrigeración donde el fluido refrigerante circula en circuito herméticamente cerrado sin contacto directo con la atmósfera exterior, un reactor de ciclo abierto utiliza directamente el aire atmosférico como fluido de trabajo, medio de transferencia de calor y masa de reacción para generación de empuje.

En este sistema, el aire ambiente ingresa continuamente a través de la toma frontal del motor, experimenta desaceleración y compresión en un difusor, fluye a través de los elementos combustibles del núcleo del reactor donde se calienta a temperaturas en el rango de 2.000-2.500 Kelvin mediante fisión nuclear de uranio-235 enriquecido, y es expulsado a alta velocidad a través de una tobera convergente-divergente generando empuje directo. Este funcionamiento es análogo al de un estatorreactor convencional, pero sustituye la combustión química de hidrocarburos por fisión nuclear como fuente primaria de energía térmica (Merkle, 1996; Wellerstein, 2021).

La implicación operacional más grave de este diseño radica en que el aire atmosférico, al fluir directamente a través del núcleo del reactor, entra en contacto directo con los elementos combustibles donde se produce la fisión nuclear. Esto significa que productos de fisión radiactivos son arrastrados inevitablemente por el flujo de aire y expulsados en el escape del motor durante todo el período de operación, convirtiendo al misil en una fuente móvil de contaminación radiactiva atmosférica que deposita radionúclidos a lo largo de su trayectoria completa de vuelo. La estimación de la tasa de emisión depende de múltiples parámetros operacionales, incluyendo la potencia térmica del reactor, el flujo másico de aire, la temperatura de los elementos combustibles y la eficiencia de retención de productos de fisión en la matriz cerámica del combustible nuclear.

2.2. El Project Pluto (1957-1964): lecciones del único precedente histórico

El Project Pluto, desarrollado por el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore entre 1957 y 1964 con fondos de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, constituye el único precedente histórico documentado de pruebas exitosas de motores de estatorreactor nuclear funcionales. El programa probó dos prototipos: el Tory II-A, probado en mayo de 1961, que generó 20 megavatios de potencia térmica y demostró la viabilidad básica del concepto, y el Tory II-C, probado en mayo de 1964, que alcanzó 513 megavatios y operó durante cinco minutos alcanzando temperaturas de escape superiores a 2.000 Kelvin. El diseño empleaba elementos combustibles cerámicos basados en óxido de berilio mezclado con uranio-235 altamente enriquecido, configurados en un núcleo anular con miles de canales de flujo (Merkle, 1996).

Pese al éxito técnico en condiciones controladas de prueba estática, el programa fue cancelado en julio de 1964 antes de cualquier vuelo de prueba de un misil completo. Las razones fueron múltiples: las consideraciones ambientales graves derivadas de la emisión continua de productos de fisión durante el vuelo; cambios en la doctrina estratégica hacia misiles balísticos intercontinentales con tiempos de vuelo mucho menores; y preocupaciones sobre la vulnerabilidad del sistema a interceptación durante su vuelo prolongado a altitudes bajas. Como señala Étienne Marcuz de la Fondation pour la Recherche Stratégique, incluso con propulsión nuclear la resistencia del misil estaría limitada por la durabilidad de componentes no nucleares y fluidos del sistema.

2.3. El accidente de Nyonoksa del 8 de agosto de 2019

El accidente radiológico ocurrido el 8 de agosto de 2019 en las instalaciones del Polígono Central Naval Estatal cerca de la localidad de Nyonoksa, en el óblast de Arcángel, constituyó el evento más grave documentado relacionado con el programa Burevestnik. El accidente resultó en cinco muertes confirmadas de personal científico-técnico de Rosatom y elevaciones estadísticamente significativas de radiación ambiental en la ciudad cercana de Severodvinsk, situada aproximadamente 30 kilómetros al este del sitio del accidente. Las autoridades rusas inicialmente describieron el evento como una «explosión durante pruebas de un motor de cohete de combustible líquido» sin mencionar componentes nucleares. Sin embargo, Roshydromet reportó ese mismo día un incremento de la radiación de fondo en Severodvinsk hasta 16 veces los valores normales entre las 11:50 y las 12:30 horas locales, datos rápidamente retirados del sitio web oficial pero capturados por observadores independientes (Digges, 2019).

Las estaciones de monitoreo radiológico europeas de la red del CTBTO detectaron varios radionúclidos anómalos en muestras recolectadas entre el 9 y el 15 de agosto en estaciones en Noruega (Svanhovd), incluyendo ruthenio-103, estroncio-91, bario-140, lantano-140, cerio-143 y cesio-137. Esta composición isotópica es diagnóstica de productos de fisión nuclear recientes. Las proporciones relativas de isótopos, particularmente la relación bario-140 a lantano-140 que refleja el tiempo transcurrido desde la fisión, son consistentes con fisión nuclear ocurrida en los días inmediatamente precedentes, compatible con la fecha del accidente (Becker et al., 2020; Spykman et al., 2021). Los análisis publicados en el Journal of Radiological Protection y el Journal of Environmental Radioactivity proporcionan evidencia forense sólida de que el evento involucró un reactor nuclear en operación o en proceso de ensayo crítico, consistente con una prueba fallida del sistema de propulsión del Burevestnik.

3. EL BUREVESTNIK EN EL MARCO DOCTRINAL NUCLEAR RUSO CONTEMPORÁNEO

3.1. La doctrina de escalada para desescalar

La comprensión de la función doctrinal del Burevestnik exige situar el sistema en el marco conceptual más amplio de la estrategia nuclear rusa contemporánea, particularmente en relación con la doctrina frecuentemente denominada en la literatura occidental «escalada para desescalar» (escalate to de-escalate). Los estudios más rigurosos y matizados sobre esta cuestión, particularmente los trabajos de Michael Kofman y Anya Fink del Center for Naval Analyses (CNA), han demostrado mediante análisis exhaustivo de fuentes primarias rusas que la realidad doctrinal es significativamente más compleja que la simplificación que el término sugiere (Kofman y Fink, 2020a, 2020b).

Kofman y Fink examinaron tres décadas de debates en instituciones de investigación del Ministerio de Defensa ruso, identificando una evolución significativa del pensamiento militar ruso sobre gestión de la escalada. Su investigación, publicada por CNA en abril de 2020 en dos reportes complementarios —Evolution of Key Concepts y Key Debates and Players— documenta que la estrategia rusa contemporánea de gestión de la escalada integra capacidades nucleares y convencionales en un espectro continuo que abarca desde el período de paz hasta el conflicto nuclear, con múltiples escalones intermedios de disuasión y coerción. Los analistas militares rusos discuten tipos y niveles de daño, selección de blancos según su significancia estratégica y efectos colaterales, y el objetivo de generar coerción psicológica sobre el liderazgo adversario mediante el uso dosificado de fuerza.

Dentro de este marco conceptual, el Burevestnik ocupa una función doctrinal específica pero no exclusiva. Como sistema de alcance potencialmente ilimitado y trayectoria impredecible, el misil contribuye a la credibilidad de la capacidad rusa de represalia de segundo ataque al ofrecer un vector de entrega que, en teoría, no puede ser neutralizado por defensas antimisiles convencionales basadas en interceptación cinética de trayectorias balísticas predecibles. Sin embargo, como señala el CSIS en su análisis de 2025, «el arma no cambia fundamentalmente el equilibrio entre los dos Estados ni afecta la capacidad de Rusia de mantener bajo amenaza el territorio continental estadounidense, misión que puede cumplirse eficazmente mediante misiles balísticos intercontinentales y otros sistemas tradicionales de entrega de armas nucleares» (CSIS, 2025).

3.2. Ecosistema comparado de armas exóticas: Estados Unidos, China, India, Francia y Reino Unido

El Burevestnik no existe en un vacío estratégico sino que forma parte de un ecosistema más amplio de programas de armas avanzadas desarrollados por las principales potencias militares. Estados Unidos ha desarrollado el Dark Eagle (LRHW, Long-Range Hypersonic Weapon), un sistema hipersónico de planeo lanzado desde plataformas terrestres y navales. Sin embargo, el programa ha experimentado retrasos significativos, habiendo incumplido tres plazos de despliegue consecutivos. En enero de 2026, el Ejército estadounidense confirmó un retraso adicional en el despliegue de la primera batería, previsto ahora para finales de 2026, mientras una segunda batería se planifica para finales de 2027 (Defense Scoop, 2026; Army Recognition, 2026). El bombardero estratégico B-21 Raider de Northrop Grumman, presentado en diciembre de 2022, representa un avance cualitativo en capacidad de penetración furtiva pero opera dentro de paradigmas convencionales de aviación tripulada. La iniciativa Golden Dome, anunciada por la administración Trump en mayo de 2025 con un costo estimado de 175.000 millones de dólares, contempla el despliegue de interceptores en el espacio ultraterrestre por primera vez, pero expertos consultados por The Guardian señalaron que el sistema no será operativo antes del final del mandato presidencial actual (Associated Press, 2025; The Guardian, 2025).

China ha desplegado el DF-17 con vehículo hipersónico de planeo DF-ZF, un sistema operacional que representa el programa de armas hipersónicas más avanzado del mundo según evaluaciones consensuadas de la comunidad de inteligencia occidental. India desarrolla el BrahMos-II en cooperación con Rusia, un misil hipersónico aire-superficie con velocidades estimadas de Mach 7-8 y alcance de 600 kilómetros. Francia desarrolla el ASN4G (Air-Sol Nucléaire de 4.ª Generación), misil hipersónico nuclear aire-superficie destinado a reemplazar al ASMPA como componente aeroportado de la disuasión nuclear francesa, con entrada en servicio prevista para la década de 2030. El Reino Unido participa en programas hipersónicos a través de la asociación AUKUS con Estados Unidos y Australia, aunque los detalles permanecen clasificados.

4. EL NEW START Y EL COLAPSO DEL RÉGIMEN DE CONTROL DE ARMAMENTOS

4.1. Marco jurídico del tratado y lagunas estructurales

El Tratado New START, firmado el 8 de abril de 2010 en Praga por los presidentes Barack Obama y Dmitri Medvédev y que entró en vigor el 5 de febrero de 2011 tras ratificación parlamentaria en ambos países, estableció límites cuantitativos vinculantes sobre categorías específicas de armas estratégicas: un máximo de 1.550 ojivas nucleares desplegadas, 700 lanzadores desplegados (misiles balísticos intercontinentales, misiles balísticos lanzados desde submarinos y bombarderos pesados asignados a misiones nucleares) y 800 lanzadores totales incluyendo desplegados y no desplegados (U.S. Department of State, 2010; Arms Control Association, 2025).

Crucialmente para el análisis del Burevestnik, el tratado define «armas ofensivas estratégicas» de manera específica y limitada que crea vacíos significativos. Según el artículo II y las definiciones del Protocolo, solo se contabilizan ICBM, SLBM y bombarderos pesados con alcances intercontinentales superiores a 5.500 kilómetros (Kühn, 2021). Los misiles de crucero, independientemente de su alcance o tipo de propulsión, no están sujetos a límites cuantitativos a menos que sean transportados por bombarderos pesados contabilizados. Esta laguna técnica significa que el Burevestnik, como misil de crucero, cae fuera de las restricciones numéricas del New START aunque tenga propulsión nuclear y alcance teóricamente ilimitado (Panda, 2019; Kristensen, 2020). Igualmente, el torpedo nuclear Poseidon y los vehículos hipersónicos de planeo como el Avangard (este último contabilizado como ojiva de ICBM según acuerdos bilaterales) escapan parcialmente al marco del tratado, generando asimetrías estratégicas significativas (Arbatov y Dvorkin, 2021; Roberts, 2020).

4.2. Suspensión rusa de febrero de 2023 y expiración definitiva

La Federación Rusa suspendió formalmente su participación en el Tratado New START el 21 de febrero de 2023 mediante decreto presidencial, decisión comunicada por Putin durante su discurso anual ante la Asamblea Federal. La suspensión implicó el cese de inspecciones recíprocas in situ y del intercambio regular de datos sobre composición y ubicación de fuerzas estratégicas, eliminando de facto los mecanismos de verificación y transparencia que constituían el valor primordial del tratado para la estabilidad estratégica (Arms Control Association, 2025; Chatham House, 2026). El tratado expiró definitivamente el 5 de febrero de 2026 tras el agotamiento de la extensión de cinco años acordada en enero de 2021 por los presidentes Biden y Putin, sin que se haya alcanzado un acuerdo sucesor pese a propuestas rusas de extensión unilateral voluntaria formuladas por Putin en septiembre de 2025.

Esta situación sitúa a la relación estratégica bilateral entre las dos potencias nucleares que conjuntamente poseen aproximadamente el 90 por ciento del arsenal nuclear global en un vacío normativo sin precedentes desde principios de la década de 1970, cuando se negoció el primer acuerdo SALT I, eliminando el último mecanismo bilateral vinculante de verificación recíproca que reducía significativamente los riesgos de malentendidos estratégicos, percepciones erróneas de capacidades o cálculos basados en estimaciones de peor escenario que podrían catalizar escaladas involuntarias (Kühn y Volpe, 2017; Arbatov y Dvorkin, 2021; Pifer, 2020).

5. SEÑALIZACIÓN COSTOSA Y TEORÍA DE JUEGOS APLICADA A LA NEGOCIACIÓN ESTRATÉGICA

Desde una perspectiva de teoría de juegos aplicada a la negociación estratégica, el Burevestnik funciona como señalización costosa (costly signaling) de determinación rusa. Al invertir recursos significativos en un sistema técnicamente extremadamente desafiante y publicitar las pruebas incluyendo los fracasos, Moscú comunica creiblemente tanto capacidad técnica como voluntad política de incurrir en costos elevados para mantener la paridad estratégica. Thomas Schelling, en The Strategy of Conflict (1960), estableció los fundamentos analíticos de cómo los Estados pueden utilizar compromisos visibles e irreversibles para comunicar determinación de forma creíble en situaciones de negociación bajo incertidumbre. El desarrollo del Burevestnik, con sus costos económicos significativos y riesgos reputacionales evidentes derivados de los fallos públicamente documentados, constituye precisamente ese tipo de compromiso costoso que señala determinación genuina (Schelling, 1960).

James Fearon, en su artículo seminal «Signaling Foreign Policy Interests: Tying Hands versus Sinking Costs» publicado en el Journal of Conflict Resolution en 1997, distinguió entre dos mecanismos de señalización creíble: «atar las manos» (tying hands), donde un actor genera costos domésticos que se materializarían si abandona su posición declarada, y «costes irrecuperables» (sinking costs), donde un actor incurre en gastos irreversibles que demuestran compromiso. El programa Burevestnik opera mediante ambos mecanismos simultáneamente: los recursos invertidos representan costes irrecuperables significativos, mientras que las declaraciones públicas de Putin vinculando el programa al prestigio nacional y a la seguridad de Rusia atan las manos del Kremlin al hacer políticamente costoso el abandono del programa (Fearon, 1997).

Andrew Kydd, en Trust and Mistrust in International Relations (2005), desarrolló modelos formales de cómo la desconfianza mutua entre Estados puede perpetuarse mediante espirales de acción-reacción donde señales costosas de un actor son interpretadas como amenazas por el otro, generando respuestas recíprocas que refuerzan la desconfianza original. El ciclo entre el despliegue estadounidense de defensas antimisiles, el desarrollo ruso de armas exóticas como el Burevestnik para sortearlas, y la expansión adicional de defensas estadounidenses como Golden Dome en respuesta a las nuevas capacidades rusas, ejemplifica precisamente esta dinámica de dilema de seguridad que los marcos de control de armamentos buscan interrumpir pero que la erosión de dichos marcos tras la expiración del New START amenaza con intensificar (Kydd, 2005; Jervis, 1970).

En el contexto de negociaciones sobre el futuro del control de armas, el Burevestnik sirve múltiples funciones tácticas interrelacionadas. En primer lugar, demuestra que Rusia posee opciones asimétricas si Estados Unidos persigue ventajas unilaterales en defensa antimisiles. En segundo lugar, crea incentivos para que Washington considere limitaciones mutuas sobre defensas a cambio de restricciones rusas sobre sistemas ofensivos novedosos. En tercer lugar, proporciona moneda de cambio en negociaciones trilaterales potenciales que incluyan a China, donde Rusia podría ofrecer limitar el Burevestnik si Pekín también acepta restricciones (Pifer, 2020; Zhao, 2020). 

6. COMUNICACIÓN ESTRATÉGICA, PROPAGANDA Y OPINIÓN PÚBLICA RUSA

La dimensión propagandística del programa Burevestnik constituye probablemente su función más inmediata, verificable empíricamente y políticamente relevante para la consolidación del régimen en el contexto de la guerra de Ucrania. Sin embargo, estudios empíricos rigurosos sugieren que la efectividad de la retórica nuclear del Kremlin sobre la opinión pública rusa es significativamente menor de lo que las narrativas oficiales pretenden.

Michal Smetana y Michal Onderco, investigadores del Peace Research Center Prague (Universidad Carolina) y la Universidad Erasmus de Róterdam respectivamente, han realizado estudios experimentales de encuesta rigurosos sobre actitudes públicas rusas hacia el uso de armas nucleares, publicados en el Journal of Global Security Studies en 2025 con datos prerregistrados de encuesta recolectados en junio de 2024 sobre una muestra representativa de la población rusa. Sus resultados son reveladores: una mayoría del 71 por ciento de los rusos rechazó un ataque nuclear limitado contra una base militar de la OTAN en Polonia, incluso cuando la alternativa presentada en el escenario experimental era la derrota del ejército ruso en un conflicto ficticio en los países bálticos. La proporción de rusos que aprobaría la decisión de su gobierno de realizar un ataque nuclear contra la OTAN —el 28 por ciento en 2021 y el 29 por ciento en 2024— prácticamente no ha cambiado en tres años, pese a la invasión de Ucrania, la retórica nuclear agresiva del Kremlin y las llamadas a ataques nucleares por parte de políticos, expertos y periodistas rusos (Smetana y Onderco, 2024, publicado en Arms Control Today; Smetana y Onderco, 2025, Journal of Global Security Studies).

Estos hallazgos tienen implicaciones profundas para la evaluación de la función propagandística del Burevestnik. Sugieren que la «aversión atómica» de la población rusa constituye una restricción doméstica real, aunque no necesariamente decisiva en un régimen autocrático, sobre las opciones nucleares del Kremlin. La estabilidad de las actitudes públicas pese a los cambios significativos en el entorno de seguridad y en el discurso de las élites indica que los ciudadanos rusos comprenden los límites de la coerción nuclear y que su creencia en el tabú nuclear es «bastante firme», como concluyen los autores. Anna Clara Arndt, Liviu Horovitz y Michal Onderco, en su análisis publicado en The Washington Quarterly en 2023, argumentan complementariamente que la coerción nuclear rusa contra Ucrania ha fracasado en sus objetivos, puesto que las amenazas nucleares no han disuadido a los aliados occidentales de proporcionar apoyo militar significativo a Kiev ni han forzado concesiones territoriales ucranianas (Arndt, Horovitz y Onderco, 2023). 

7. COMPETENCIA POR RECURSOS ESTRATÉGICOS Y LA BÚSQUEDA RUSA DE ACUERDOS POLÍTICOS CON EUROPA

7.1. La Dreikaiserbund y sus ecos contemporáneos

La Dreikaiserbund (Liga de los Tres Emperadores) constituye un precedente histórico significativo para comprender las aspiraciones rusas de establecer marcos de cooperación entre grandes potencias que preserven esferas de influencia mutuamente reconocidas. Los dos acuerdos que llevaron este nombre —el primero en 1873 y el segundo, más formalizado, en 1881, renovado en 1884— establecieron mecanismos de consulta y neutralidad benevolente entre el Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Ruso (Taylor, 1954; Kennan, 1979). La relevancia contemporánea radica en que Rusia bajo Putin ha articulado consistentemente preferencia por un orden multipolar basado en esferas de influencia sobre un orden universal basado en valores liberales occidentales (Trenin, 2017; Mankoff, 2009). El discurso de Putin en Múnich en 2007 y las propuestas subsiguientes de nuevos marcos de seguridad europeos reflejan esta visión (Sakwa, 2017; Charap y Shapiro, 2014).

7.2. Recursos energéticos, minerales críticos y la reconfiguración post-2022

La competencia por control de recursos naturales estratégicos constituye un elemento estructural fundamental de las relaciones Rusia-Occidente (Klare, 2012; Yergin, 2011). Rusia posee las mayores reservas probadas de gas natural del mundo con aproximadamente 48 billones de metros cúbicos, y es un productor dominante de níquel (10 por ciento de la producción global), paladio (40 por ciento de la producción global) y tierras raras (BP Statistical Review, 2023; USGS, 2024). Durante la década de 2000, Rusia suministraba aproximadamente el 40 por ciento de las importaciones totales europeas de gas natural, con dependencias superiores al 50 por ciento en Alemania y superiores al 90 por ciento en algunos estados de Europa Central y Oriental (Goldthau y Boersma, 2014; Pirani et al., 2009).

La invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022 transformó radicalmente esta dinámica. Europa aceleró la diversificación energética mediante importaciones de GNL, especialmente de Estados Unidos, y fuentes renovables (International Energy Agency, 2023). El sabotaje de Nord Stream en septiembre de 2022 eliminó 60.000 millones de metros cúbicos anuales de capacidad directa Rusia-Alemania (IEA, 2024). Crucialmente, la transición energética hacia electrificación intensifica la competencia por minerales críticos necesarios para baterías, vehículos eléctricos y paneles solares, ámbito donde Rusia conserva ventajas significativas (IRENA, 2022; Bazilian et al., 2019). Esta competencia por recursos se intersecta con desarrollos militares: la producción de sistemas de armas avanzados requiere minerales críticos que pueden estar sujetos a restricciones de exportación como herramienta de competencia geopolítica (Vakulchuk et al., 2020).

7.3. Teatros periféricos: Oriente Medio, África y América Latina

La intervención militar rusa en Siria iniciada en septiembre de 2015 aseguró el acceso a las bases de Tartús y Jmeimim, únicos puntos de apoyo militares rusos fuera del espacio postsoviético, cruciales para la proyección de poder en el Mediterráneo Oriental (Borshchevskaya, 2021). En África, Rusia ha expandido su presencia mediante exportaciones de armas, compañías militares privadas —especialmente el Grupo Wagner, posteriormente reorganizado como África Korps— y acuerdos donde la seguridad militar se intercambia por concesiones extractivas (Sukhankin, 2020; Marten, 2019). En América Latina, Rusia ha cultivado relaciones con Venezuela, Nicaragua y Cuba, habiendo proporcionado préstamos estimados en 17.000 millones de dólares al gobierno de Maduro (Rouvinski, 2019; Ellis, 2019). Sin embargo, la capacidad rusa de influir en estos teatros permanece estructuralmente limitada por factores económicos y logísticos (Rumer et al., 2019).

8. CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES DE POLÍTICA

El análisis interdisciplinar del programa Burevestnik revela un sistema de armas que trasciende su dimensión puramente técnico-militar para constituir un instrumento multifacético de estrategia geopolítica rusa en un contexto de competencia renovada entre grandes potencias. Técnicamente, el sistema enfrenta desafíos fundamentales de ingeniería de materiales, control neutrónico y gestión térmica que explican las altas tasas de fallos documentadas en las pruebas. La propulsión nuclear de ciclo abierto, aunque teóricamente viable como demostró el Project Pluto estadounidense, presenta problemas operacionales y radiológicos intrínsecos que ninguna nación ha resuelto suficientemente para su despliegue confiable.

Sin embargo, el valor estratégico del Burevestnik no reside exclusivamente en sus capacidades operacionales presentes sino en múltiples funciones interrelacionadas. Como instrumento de disuasión, señala creiblemente la capacidad y la voluntad rusas de desarrollar respuestas asimétricas a ventajas occidentales percibidas en defensa antimisiles. Como herramienta de negociación, proporciona moneda de cambio potencial en discusiones futuras sobre control de armamentos. Como pieza de comunicación política, refuerza narrativas de resurgimiento nacional y paridad tecnológica con Occidente pese a las disparidades económicas. Los precedentes históricos de la SDI, el Pershing II y el MX Peacekeeper demuestran que esta lógica de uso de programas de armas como instrumentos de negociación constituye un patrón recurrente en la competencia estratégica entre grandes potencias.

El contexto geopolítico más amplio revela que el Burevestnik debe entenderse dentro de una estrategia rusa integral que combina proyección de capacidades militares con competencia por recursos estratégicos, preservación de esferas de influencia en el espacio postsoviético y búsqueda de acuerdos políticos con Europa que reconozcan intereses rusos. Los paralelos históricos con la Dreikaiserbund sugieren una preferencia rusa persistente por órdenes basados en esferas de influencia mutuamente reconocidas sobre sistemas universales basados en valores.

8.1. Recomendaciones

Primera: la comunidad internacional debe priorizar negociaciones urgentes sobre un marco sucesor al New START que incorpore categorías de armas emergentes, incluyendo misiles hipersónicos, sistemas de propulsión nuclear y armas espaciales. La ausencia de límites verificables sobre estas categorías crea riesgos de competencia armamentística desestabilizadora.

Segunda: deben establecerse protocolos multilaterales específicos para el monitoreo radiológico y la notificación de pruebas de sistemas de propulsión nuclear que implican emisiones atmosféricas. La red de monitoreo del CTBTO podría expandirse para incluir la detección de radionúclidos característicos de reactores de ciclo abierto.

Tercera: Europa debe desarrollar una estrategia coherente hacia Rusia que combine firmeza en la defensa de normas internacionales con pragmatismo en el reconocimiento de intereses rusos legítimos, particularmente en configuraciones de seguridad para estados intermedios como Ucrania. El modelo del Acta Final de Helsinki (1975) podría proporcionar un precedente útil.

Cuarta: la competencia por recursos críticos requiere gestión cooperativa multilateral que evite la securitización excesiva de cadenas de suministro. Iniciativas como el Reglamento de Materias Primas Fundamentales de la Unión Europea deben complementarse con mecanismos de comercio transparentes.

Quinta: Estados Unidos y sus aliados deben reconocer que las estrategias de máxima presión mediante sanciones omnicomprensivas pueden ser contraproducentes al eliminar incentivos rusos para la moderación. Sanciones más selectivas combinadas con vías claras para alivio condicionado a comportamientos específicos podrían proporcionar una mayor influencia efectiva.

Sexta: debe restablecerse la comunicación estratégica directa entre Estados Unidos y Rusia a nivel de altos funcionarios de seguridad nacional y militares, análoga a los canales que existieron durante la Guerra Fría. La ausencia de tales mecanismos en un contexto de tensiones elevadas y sistemas de armas novedosos crea riesgos inaceptables de malentendidos o escaladas inadvertidas. 

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